
Esperamos que la oscuridad y el silencio fueran totales en la casa y en un sofá, bajo una manta, nuestras manos empezaron a buscar cautelosas el sexo del otro. Yo no podía reprimir que me temblaran las piernas por los nervios, demasiado tiempo esperándolo, y tú no podías dejar de mirar la escalera esperando que nos sorprendieran en cualquier momento. Sin embargo di el paso, mi boca se acerco lentamente y rodee tu sexo con mis labios.
Comencé a comertela como solo yo se, despacio, metiéndotela bien dentro, jugando a engullirla entera, retorciendo mi lengua, subiendo, bajando… Empiezas a decirne ‘eres una diosa del sexo’ Sigo comiendo unos minutos mas, pero no hay tiempo para deleites, como sigamos así nos pillan y habría que dar demasiadas explicaciones; así que apoyas tu mano en mi nuca para que acelere un poco el ritmo, lo comprendes perfectamente y me dispongo a llevarte al orgasmo y a llenarme la boca una vez más; aquello ya es inevitable, agarro tu miembro. Te vas, notas como tu sexo se engorda aún más en mi boca y un primer chorro calido me llega hasta dentro, me sigo sorprendiendo de lo abundante de tus corridas, me retuerzo de placer alargando el momento; pero justo cuando termina ti orgasmo notas una sensación ya conocida: quieres seguir.
Agitas tu duro sexo mientras te la lamo emocionada con mas ganas, sabes lo que viene, sabes lo que te esta pasando; apenas diez segundos después de tu orgasmo empieza otro aún más intenso, tu semen sale a borbotones inundándome la boca y haciendo que resbale por mis labios, es intensísimo, es largísimo, es genial…
Te incorporas y nos miramos con los ojos como platos. Esto no puede ser. Pero y tanto que es. En alguna ocasión ya había conseguido que te corrieses dos veces seguidas gracias a mi hábil lengua, pero esto ya supera todos los límites. Tampoco es el mejor momento para comentar la jugada y buscar explicaciones, bastante escándalo hemos montado ya con la mamada. Decidimos irnos cada uno para su cama y esperar al día siguiente.
Y a la mañana siguiente, después de haber dormido, vuelta a la normalidad, a hacer como si no pasase nada, a preparar la comida, a jugar a las cartas, a bromear delante de los demas, etc.
Por la noche decidimos ir a la playa, lo pasamos bien. Cuando ya todos estamos cansados y todos se tumban en la arena a descansar, volvemos a desmarcarnos con la misma táctica: que no tenemos sueño y que nos quedamos dando un paseo por la playa. Y eso es lo que hacemos, andar y hablar, pero no me puedo quitar de la cabeza las ganas que tenias de montárnoslo en la playa, las ganas que tenias de que los dos follásemos en el agua, de escondernos entre algunas rocas, la cantidad de veces que te habías masturbado con esa idea la semana de antes…
Así que, aunque se que nos están esperando, aunque no soporto la idea de que alguien me observe mientras follo, a pesar de todo, doy el paso: lo vamos a hacer. Tras una débil resistencia por tu parte, te dejas llevar una vez mas por mi seguridad al comprobar que parece que lo tengo todo planeado desde hace tiempo, todo bajo control, cuando en realidad no soy más que una diosa de la improvisación…
El lugar parece hecho para ello, la zona más oscura de la playa, una silla elevada de madera para un eventual socorrista que por supuesto no esta a aquellas horas; si lo piensas fríamente, la forma de la plataforma esta pensada para ello, nos la han puesto a ti y a mí allí, justamente para que nos podamos comer.