¡Rayos! Cuánto tiempo ha pasado desde la última publicación, ¡y cómo pasan volando los días!. Os pedimos disculpas por el aparente abandono de la página, al estar ambos algo ocupados no hemos llegado a publicar nada, pero sin duda no es por falta de "material" :-)
Aprovecho para, tanto de mi parte como de la de Ella, desearos unas felices fiestas junto a vuestros seres queridos, y que el amor esté siempre en vuestras vidas. No únicamente porque sea Navidad y sea ya un tópico el hacer estas felicitaciones en éstas fechas, si no porque así debería ser todos los días durante todos los años, y porque vivir sin amor, no es vivir. No importa que sea Navidad, que estemos en verano, en un tormentoso día de mayo o en un monótono día de abril.
Esperamos retomar en cuanto podamos éste bloq, para compartir nuestras historias con aquellos que, bienvenid@s a este humilde refugio, quieran escucharlas.
Hasta pronto :-)
miércoles, 26 de diciembre de 2007
sábado, 17 de noviembre de 2007
Mil razones.

Mil razones para pensarte
cien para admirarte
y dos para no olvidarte:
Quererte y Amarte.
¿De qué color es un sentimiento?
La respuesta esta en el silencio
en contemplarte y mirarte
en saber que existes
en poder pensarte
en anochecer soñándote
un sentimiento es amor
pero sin color
sólo el color que tiene el sentirte.
cien para admirarte
y dos para no olvidarte:
Quererte y Amarte.
¿De qué color es un sentimiento?
La respuesta esta en el silencio
en contemplarte y mirarte
en saber que existes
en poder pensarte
en anochecer soñándote
un sentimiento es amor
pero sin color
sólo el color que tiene el sentirte.
lunes, 12 de noviembre de 2007
Mi Alma Gemela.

Todo empezó en una noche cualquiera, siguiendo la rutina de siempre, hasta que te vi llorar desconsoládamente sin parar. "¿Cómo puede estar un alma tan destrozada?" pensé. Me acerqué a ti con el firme deseo de darlo todo para poner fin a semejante malestar que veía que te consumía. Desde el primer momento llegué a notar algo especial, pero durante un tiempo pasaste como un contacto más, en el que las conversaciones eran esquemáticas, planeadas, todo muy común. Pero el tiempo fue pasando, y empezamos a tener más confianza el uno con el otro.
Me hacías sentir como nadie, y aun lo sigues haciendo. Eres esa persona que sólo se conoce una vez en la vida, y no te podrías ni imaginar lo que me alegro de que seas tú esa persona que ha entrado en mi vida. Eres tan especial... no tengo palabras para definirte interiormente. Desde que te comencé a conocer mejor, vi que empezabas a hacerte dueña de mi corazón, y que cualquier sentimiento que pudiera haber tenido anteriormente, lo habías desterrado para siempre.
Fueron pasando las horas, los días, las semanas... todo era lo mejor si tú tenías algo que ver.. Cuando me di cuenta por primera vez de que te colabas en mis sueños y pensaba en ti todo el día, en ese mismo instante, me di cuenta de que me había enamorado de ti. Cuando pienso que eres la única razón de mi existir, lo único por lo que estoy bien.
Se suele decir que la distancia hace el olvido, pero yo me enamoré de ti a distancia, sigo enamorado a pesar de ello, y te juro que seguiré estándolo, a pesar de esa cosa que nos impide poder vernos frente a frente, sólo por ahora. Pero también dicen que la esperanza es lo último que se pierde, mi esperanza de que ese día en el que podré abrazarte y sentirte junto a mi está cada vez más cerca, que cada día que pasa es uno menos que falta para ese encuentro, el que será el momento más feliz de mi vida.
¿Sabes? Siempre soñé con amar a una mujer, me di cuenta con tu llegada que toda mi vida estuvo llena de sombras y falsos sentimientos, porque tú, eres totalmente diferente, algo realmente verdadero, algo que jamás en la vida he llegado a sentir, eres lo que llena mi corazón y mi mente, te amo, te quiero, lo eres todo.
Eres como esa luz que me guía y me enseña, esa luz que no quiero que deje de brillar jamás. Esa luz que... si dejase de brillar, me convertiría en un alma que vagaría sin dirección a ningún sitio en concreto, y vería el Infierno un buen lugar para deambular en soledad, y así cumplir mi castigo si algún día te dejo escapar.
Quiero que sepas que cuando oi tu voz por primera vez, fue algo que me hizo tener vida en mi interior, fue como un impulso a la vida. No tendría suficientes folios para describirte con exactitud lo que siento, lo que significas para mi.
¡Qué miedo tan aterrador el perderte! Es lo que más temo en la vida ahora mismo, el saber que puede que un día llegue y no me contestes, que no pueda verte, o no vuelva a oir tu voz. Es mi sueño más ansiado el tenerte, y el más aterrador el perderte. Con uno sería la persona más feliz del mundo, con el otro, la más desdichada.
No te alejes nunca de mi.
Quiero también, que sepas, que nunca enterraré mi ilusión, por muy larga que pueda ser la espera. Porque no doy por perdido nada, porque creo en mi, y porque por mucho daño que pueda hacerme, las heridas curarán. Me toca ser feliz, porque contigo puedo llegar a volar, ¿me acompañas en éste viaje si sientes lo mismo que yo? Dejaré entrar en mi corazón el susurro de tu voz, que hace que mis temores se vayan al mismo inframundo.
Nuestras ilusiones y nuestras historias, así como nuestros sentimientos, serán estrellas en el cielo. Que los sueños que nos quedan por cumplir se aliarán para formar un camino hacia ese lugar tan magnífico que nos guiará hasta ver nuestras ilusiones cumplidas, en un lugar donde habita toda la realidad, ¿quieres venir a explorarlo conmigo?
Sentiremos que nuestro cuerpo es el viento, nuestro pensamiento la brisa del mar, nuestros corazones serán nuestras sonrisas, seremos Felices, Sonreiremos, dejaremos nuestras penas por los suelos, y a nuestros sueños, por las nubes.
domingo, 11 de noviembre de 2007
Bailando para él

En una habitación había una cama grande y antigua, de las que por cada esquina se levanta parte de la estructura de la cama en forma de palo...de arriba caían unas cortinitas transparentes. En la otra punta de la misma habitación, un sofá de dos plazas, adornado con muchísimos cojines por el suelo.
Entré por la puerta y me dirigí con total normalidad al armario donde me cambié y me puse mi camisón de dormir. Agarré mi libro y me senté en el sofá a leerlo como cada noche acomodándome con los pies encima de este.
Al cabo de un rato entraba él, con su torso descubierto y se sentó en la cama a mirarme. Cuando me di cuenta de ello le pregunté:
- ¿Qué pasa amor?¿Te encuentras mal o algo?
- Sí, exactamente es eso lo que me pasa, que estoy malísimo – me contestó, levantándose y cogiéndome el libro con cuidado y dejándolo en el sofá.
Me pasó la mano por el trasero haciendo que me levantara. Ayudándome con la otra mano, me puso de rodillas, me dio la vuelta y me colocó bocabajo tocándome las piernas y subiendo hasta llegar a mi trasero, levantándome el camisón. Sentí un suspiro de desesperación por su parte cuando alcanzó a rozarme los pechos, se quedó completamente desnudo…colocándola de modo en que la punta asomara por mi trasero, empujó pero sin intención de introducirla dentro de mí…Cuando se cansó, me puso de rodillas y me inclinó y para mi asombro se colocó debajo de mí, sentándome, sin penetrar, encima de su sexo ya erecto.
- ¿Quieres que baile para ti encanto? – me atreví a decirle
Me contestó un ‘Sí’ cuando acabó de besarme y empecé a moverme encima de él sin separar mi sexo del suyo, hasta que no pude más y le pedí que me penetrara, a lo que él, todo vacilón, se cruzó las manos por la cabeza y me dijo:
- Es toda tuya, no pienso hacer nada
De espaldas a él, sentada, hice que su miembro me penetrase y me moví, de manera en que él solo pudiese ver mi trasero y mi pelo cayendo por mi espalda.
Nos arqueamos y nos movímos mientras gozamos el uno del otro, hasta llegar a tocar el éxtasis con nuestros cuerpos desnudos.
Entré por la puerta y me dirigí con total normalidad al armario donde me cambié y me puse mi camisón de dormir. Agarré mi libro y me senté en el sofá a leerlo como cada noche acomodándome con los pies encima de este.
Al cabo de un rato entraba él, con su torso descubierto y se sentó en la cama a mirarme. Cuando me di cuenta de ello le pregunté:
- ¿Qué pasa amor?¿Te encuentras mal o algo?
- Sí, exactamente es eso lo que me pasa, que estoy malísimo – me contestó, levantándose y cogiéndome el libro con cuidado y dejándolo en el sofá.
Me pasó la mano por el trasero haciendo que me levantara. Ayudándome con la otra mano, me puso de rodillas, me dio la vuelta y me colocó bocabajo tocándome las piernas y subiendo hasta llegar a mi trasero, levantándome el camisón. Sentí un suspiro de desesperación por su parte cuando alcanzó a rozarme los pechos, se quedó completamente desnudo…colocándola de modo en que la punta asomara por mi trasero, empujó pero sin intención de introducirla dentro de mí…Cuando se cansó, me puso de rodillas y me inclinó y para mi asombro se colocó debajo de mí, sentándome, sin penetrar, encima de su sexo ya erecto.
- ¿Quieres que baile para ti encanto? – me atreví a decirle
Me contestó un ‘Sí’ cuando acabó de besarme y empecé a moverme encima de él sin separar mi sexo del suyo, hasta que no pude más y le pedí que me penetrara, a lo que él, todo vacilón, se cruzó las manos por la cabeza y me dijo:
- Es toda tuya, no pienso hacer nada
De espaldas a él, sentada, hice que su miembro me penetrase y me moví, de manera en que él solo pudiese ver mi trasero y mi pelo cayendo por mi espalda.
Nos arqueamos y nos movímos mientras gozamos el uno del otro, hasta llegar a tocar el éxtasis con nuestros cuerpos desnudos.
sábado, 10 de noviembre de 2007
Amanecer
Abrí la ventana de la habitación para tomar un poco de aire, y poder observar el mar a lo lejos. Pensando me encontré, cuando él se acercó por detrás, acariciándome los brazos con un solo dedo, y abrazándome con fuerza.- ¿Qué tal está mi princesa hoy?- me dijo, dándome los buenos días
Cogiéndole por los brazos le respondí al abrazo y apoyé mi cara en la suya, sin quitar ojo al precioso amanecer que emergía por el horizonte.
Me dio tantos besos seguidos en todo mi rostro, que no pude evitar echar una carcajada de las cosquillas que me hacía por el contacto de sus labios en mi piel.
Sus manos pasaron de ser caricias a tentar y palpar, mientras me cosquilleaba todo el cuerpo. Me dio la vuelta para colocarme justo enfrente y de cara a él, y me besó con lujuria y posesión, colando sus manos por mi cintura para acabar depositadas en mi trasero. Yo, mientras, lo abrazaba fuerte mientras me fundía en un tierno beso con su cuello…
El centro de mi Amor; el mejor día de mi vida

Estaba esperándolo en el aeropuerto, en las afueras, hacia mucho frió y llevaba una chaqueta larga de color negro que me llegaba hasta las rodillas, guantes y bufanda que me había comprado para la ocasión.
La oscuridad era característica en esa zona pero ese día, brillaba especialmente. Él llegaría, y ¿qué haría? Tenia tantas ganas de verlo que ese sentimiento pronto se desvaneció pero dejando dentro de mi esos nervios que e apoderaban de mí.
Nunca me han gustado los aviones, y ese día, uno de ellos me traería a la persona que más quería. A raíz de ahí perdí el pánico a ese medio de transporte.
Por fin divisé una sombra, un tanto extraña pero que resultaba familiar a la vez. Por mi boca salió un suspiro, quizás de nervios, quizás por hacer algo, y supe que era él. No veía concretamente su cara pero conocía perfectamente al hombre de mi vida, era él, seguro.
Sin saber qué hacer, me metí las manos en el bolsillo y me encogí. Él se acercó dando diminutos pasos y dijo mi nombre. Esta vez si estaba segura que era él, su acento característico lo delató, y me puse a andar hacia donde él estaba. Solo un palmo estábamos separados el uno del otro. Me sentía más feliz que nunca.
Cuando por fin se dispuso a decir algo, yo lo callé poniendo mis dedos en sus labios y fijando mi mirada en ellos. Sentí un escalofrío que recorría todo mi cuerpo y pensé ‘Si no lo haces ahora, no tendrás valor de hacerlo nunca’, y le besé. El beso fue muy corto, solo quería asegurarme de que era él, y sentir que de verdad todo lo que me había estado diciendo estos últimos meses, era cierto. Lo era. Me respondió con otro beso y sentí cómo sus manos se aferraban a mí, su calor ahora estaba conmigo y todo él…
Ya no tenía frió estando a su lado y comprendí de que no sentía ese frío por la temperatura que pudiese hacer o no, sino porque mi sol, el centro de mi amor, es él.
La oscuridad era característica en esa zona pero ese día, brillaba especialmente. Él llegaría, y ¿qué haría? Tenia tantas ganas de verlo que ese sentimiento pronto se desvaneció pero dejando dentro de mi esos nervios que e apoderaban de mí.
Nunca me han gustado los aviones, y ese día, uno de ellos me traería a la persona que más quería. A raíz de ahí perdí el pánico a ese medio de transporte.
Por fin divisé una sombra, un tanto extraña pero que resultaba familiar a la vez. Por mi boca salió un suspiro, quizás de nervios, quizás por hacer algo, y supe que era él. No veía concretamente su cara pero conocía perfectamente al hombre de mi vida, era él, seguro.
Sin saber qué hacer, me metí las manos en el bolsillo y me encogí. Él se acercó dando diminutos pasos y dijo mi nombre. Esta vez si estaba segura que era él, su acento característico lo delató, y me puse a andar hacia donde él estaba. Solo un palmo estábamos separados el uno del otro. Me sentía más feliz que nunca.
Cuando por fin se dispuso a decir algo, yo lo callé poniendo mis dedos en sus labios y fijando mi mirada en ellos. Sentí un escalofrío que recorría todo mi cuerpo y pensé ‘Si no lo haces ahora, no tendrás valor de hacerlo nunca’, y le besé. El beso fue muy corto, solo quería asegurarme de que era él, y sentir que de verdad todo lo que me había estado diciendo estos últimos meses, era cierto. Lo era. Me respondió con otro beso y sentí cómo sus manos se aferraban a mí, su calor ahora estaba conmigo y todo él…
Ya no tenía frió estando a su lado y comprendí de que no sentía ese frío por la temperatura que pudiese hacer o no, sino porque mi sol, el centro de mi amor, es él.
viernes, 9 de noviembre de 2007
La escena tan esperada
Estábamos en el sofá, viendo una película con nuestras palomitas caseras, depositadas en mi regazo. Él, los pies encima de la mesita que estaba justo enfrente, y yo, subidos de forma encogida en el sofá.Él me dijo de repente:
- Demasiado saladas ¿no? Si tengo hasta la lengua áspera
Esas palabras hicieron que me girara hacia él, le cogiera por detrás de la cabeza y le diera un beso súper ardiente. Me aseguré que tuviera la lengua bien mojadita para solucionar el problema de la sal y le contesto:
- Así no tendrás que levantarte a por agua- le sonreí y continuamos viendo la película…
Al cabo de unos minutitos, él se dispuso a coger palomitas, pero se encontró que las había puesto anteriormente en el suelo, lo que provocó que su mano fuera a parar directamente a mi sexo
Él, con su mirada tímida y picaresca a la vez, me miró, se incorporó y cogió el mando de la televisión y la apagó.
- ¿No te gusta la película mi vida?- le dije…
- Lo que me gustaría es verte a ti desnuda –Me contestó y no había acabado de decirlo cuando ya me estaba besando sin dejar a que yo le pudiese contestar.
Me desabrochó el pantalón, dejando entrever mi característico culot, cosa que provocó que yo lo hiciera también con él…Le bajé un poco el pantalón negro que llevaba y introduje mi mano en él, agarrando con sumo cuidado su sexo y abrirle paso hacia la libertad…
Este acto provocó que me ‘arrancara’ los pantalones de un tirón y me los quitara, bajando también mi culot…
Yo estaba sentada en el sofá mientras que él se arrodilló en el suelo y empezó recorrer mi cuerpo…comenzando por los pies, pasando por las rodillas, hasta que se adentró en mis ingles. Es ahí cuando se deleitó y me besó mientras me apretaba a la vez los muslos con sus manos.
- Apuesto lo que quieras mi brujita que quieres que te coma esto…
No pude ni contestar a eso y le cogí de la cabeza por detrás y la acerqué suavemente a mi sexo… Posó su lengua, tras juguetear un buen rato con él a pesar de mis jadeos constantes y gritos de placer.
Después de estar completamente caliente, me introdujo un dedo mientras volvía a relamerlo, llevándome a la locura una y otra vez … Fue ahí donde por fin pude decir que parara. Se sentó en el sofá esperando a recibir lo mismo por parte mía, no sin antes ir subiendo y cubrirme de besos hasta llegar a mi boca y saborear la suya con mi propio aroma sexual…
Yo de rodillas en el suelo y él sentado me dijo:
- Brujita, encántame con lo que tú sabes hacer…
Mi mano se depositó instantáneamente en la base de su miembro agarrándolo firmemente con la otra y maravillándome con él.
Tras un buen rato degustando su miembro viril, me apartaba girando la cabeza para mirar la expresión de su cara. Él, incluso llegó a agarrarme el trasero, acción que hizo que me dedicase exclusivamente a tomar su saco con mis labios…
Me posicionó de forma en que yo estaba subida en el sofá de rodillas mirando hacia el respaldo, me inclinó y mientras me besaba desde el cuello hasta las nalgas y me decía:
- Necesitaremos la ayuda de la vaselina mi brujita…- a lo que yo le contesté:
- No hará falta, está lo bastante lubricado como para utilizarla
No me dio tiempo a acabar cuando ya me estaba penetrando, continué jadeando, arañando el sofá y fundiéndome en un sin fin de gemidos.
- No aguanto más mi pequeña guarrita sin metértela- me dijo.
Me puse en el filo del sofá abriéndome de piernas, dejándole observar mi sexo abierto. Me penetró hasta tocar fondo, se movía sin parar, subiéndome encima de él, alzándome y bajándome con sus brazos…
Cuando me estiró en el sofá de nuevo, situó sus manos en mi protuberancia, tocando mis senos e incluso a veces se paraba a degustarlos. Continuaba dentro de mí cuando, tras sumarnos en una lujuria interminable y tentadora, estaba a punto de llegar a su clímax, descargó su furia y las consecuencias de su embestida en mis pechos haciendo que salpicara por todo el tapizado…
Yo de rodillas en el suelo y él sentado me dijo:
- Brujita, encántame con lo que tú sabes hacer…
Mi mano se depositó instantáneamente en la base de su miembro agarrándolo firmemente con la otra y maravillándome con él.
Tras un buen rato degustando su miembro viril, me apartaba girando la cabeza para mirar la expresión de su cara. Él, incluso llegó a agarrarme el trasero, acción que hizo que me dedicase exclusivamente a tomar su saco con mis labios…
Me posicionó de forma en que yo estaba subida en el sofá de rodillas mirando hacia el respaldo, me inclinó y mientras me besaba desde el cuello hasta las nalgas y me decía:
- Necesitaremos la ayuda de la vaselina mi brujita…- a lo que yo le contesté:
- No hará falta, está lo bastante lubricado como para utilizarla
No me dio tiempo a acabar cuando ya me estaba penetrando, continué jadeando, arañando el sofá y fundiéndome en un sin fin de gemidos.
- No aguanto más mi pequeña guarrita sin metértela- me dijo.
Me puse en el filo del sofá abriéndome de piernas, dejándole observar mi sexo abierto. Me penetró hasta tocar fondo, se movía sin parar, subiéndome encima de él, alzándome y bajándome con sus brazos…
Cuando me estiró en el sofá de nuevo, situó sus manos en mi protuberancia, tocando mis senos e incluso a veces se paraba a degustarlos. Continuaba dentro de mí cuando, tras sumarnos en una lujuria interminable y tentadora, estaba a punto de llegar a su clímax, descargó su furia y las consecuencias de su embestida en mis pechos haciendo que salpicara por todo el tapizado…
¿Con la comida no se juega?

Me llevó abajo por la escalera y llegamos a la cocina
- No deberíamos estar aquí – Nos podrían descubrir pero lo solucionó todo callándome con un beso.
- Tengo hambre
Estar en la cocina cuando sabíamos que no deberíamos estar, aumentaba la emoción de esa maravillosa noche. Lo miré, vestía de negro, mientras abría la puerta del frigorífico.
Es mío, pensé, mío para tocarlo cuando lo deseara.
Tomándole la mano, apreté mi cuerpo contra el de él y apoyé la cabeza contra su hombro.
- Te quiero tanto. No me dejes - Él me miró con una expresión de perplejidad y deseo.
- ¿Dónde está el helado?
- En el congelador. Abre esa puerta – me lo enseñó
Sirvió una enorme cantidad en cada tazón. Derramó helado sobre mi frente y se puso a lamerlo. El helado cayó mas abajo por mi cara y continuó lamiéndolo hasta que llegó a mi boca.
Nos sentamos en la mesa con los pies y las pantorrillas entrelazadas. Comimos un poco durante unos minutos, pero luego derramó helado sobre el pie y me lo lamió.
Para provocarlo, me incliné y ‘accidentalmente’ derramé helado en la parte interna de su muslo.
- Apuesto a que está muy frío
- No lo puedo soportar- me dijo
Lentamente, de manera que mis pechos rozaran su cuerpo desnudo, me dirigí hacia la mancha y lamí, cuando desapareció, continué relamiendo. Olvidamos el helado cuando él se apoyó en la mesa atrayéndome consigo y me levantó poniéndome encima de él, levantándome las manos para acariciarme los pechos mientras yo, me movía hacia arriba y hacia abajo.
- Hace tanto que deseaba tocarte – me dijo, transcurrido un tiempo antes de que nos arqueáramos juntos.
- No deberíamos estar aquí – Nos podrían descubrir pero lo solucionó todo callándome con un beso.
- Tengo hambre
Estar en la cocina cuando sabíamos que no deberíamos estar, aumentaba la emoción de esa maravillosa noche. Lo miré, vestía de negro, mientras abría la puerta del frigorífico.
Es mío, pensé, mío para tocarlo cuando lo deseara.
Tomándole la mano, apreté mi cuerpo contra el de él y apoyé la cabeza contra su hombro.
- Te quiero tanto. No me dejes - Él me miró con una expresión de perplejidad y deseo.
- ¿Dónde está el helado?
- En el congelador. Abre esa puerta – me lo enseñó
Sirvió una enorme cantidad en cada tazón. Derramó helado sobre mi frente y se puso a lamerlo. El helado cayó mas abajo por mi cara y continuó lamiéndolo hasta que llegó a mi boca.
Nos sentamos en la mesa con los pies y las pantorrillas entrelazadas. Comimos un poco durante unos minutos, pero luego derramó helado sobre el pie y me lo lamió.
Para provocarlo, me incliné y ‘accidentalmente’ derramé helado en la parte interna de su muslo.
- Apuesto a que está muy frío
- No lo puedo soportar- me dijo
Lentamente, de manera que mis pechos rozaran su cuerpo desnudo, me dirigí hacia la mancha y lamí, cuando desapareció, continué relamiendo. Olvidamos el helado cuando él se apoyó en la mesa atrayéndome consigo y me levantó poniéndome encima de él, levantándome las manos para acariciarme los pechos mientras yo, me movía hacia arriba y hacia abajo.
- Hace tanto que deseaba tocarte – me dijo, transcurrido un tiempo antes de que nos arqueáramos juntos.
jueves, 8 de noviembre de 2007
Te Amo
Mientras lo observaba, él permanecía allí acostado sin moverse, mirándome por encima de las almohadas, en el suelo.En un segundo estaba tumbada junto a él y al siguiente estaba sobre mí. No lo vi moverse, solo sentí su cuerpo contra el mió, sintiendo su boca en mi piel, sus manos sobre mis hombros y luego, agarrándole las suyas con rapidez y firmeza le besé con pasión.
Él estaba sobre mí, con la boca y las manos en todos lados, mientras le besaba cualquier parte que llegara cerca de mi boca. Me tiró del vestidito que llevaba y oí cómo se rasgaba.
Cuando su boca caliente y húmeda se aferró a mi pecho grité en éxtasis.
Con sus manos me acarició los costados del cuerpo, el dedo pulgar jugaba con mi ombligo, mientras sus labios y su lengua jugueteaban con mis pechos.
Le acaricié el pelo. Repetí su nombre hasta prácticamente dejarme sin voz mientras que los labios de él descendían por mi vientre y me acariciaban los muslos. Luego descendió más y más.
Arquee mi cuerpo contra la alfombra. La pasión aumentaba mientras su lengua…Oh, su lengua…
Me mordisqueó el interior de los muslos, acariciándome la parte trasera de las rodillas, hasta que no pude más.
Me sujetó la pierna izquierda y me la dobló mientras se colaba sobre mi y me penetraba con tanta fuerza que incluso traté de alejarlo. Pero su cuerpo se unió al mío, entrelazando mi pierna libre contra la de él cuando empujaba más y más. Me llevó al otro lado de la alfombra con sus embestidas y levanté las manos para apoyarme contra la pared, que estaba justo detrás de nosotros.
Me soltó la pierna y lo agarré por la cintura y levanté la cadera para acompañar sus movimientos, mientras me tomaba los glúteos y me levantaba hacia él.
Cuando sentí que se arqueaba para un último movimiento, mi propio cuerpo tembló con él.
Se apoyó en la pared y me miró, me cogió de la mano y la colocó sobre su pecho, diciéndome ‘TeAmo’
El beso de la vida
Muriéndonos de frió estábamos acurrucados viendo una película, tapados con una manta grande, cuando de repente sentimos el deseo de acariciarnos el cuerpo. Él, por un lado, empezaba por las piernas a tocarlas suavemente y yo mientras, por el otro, le acariciaba el torso por debajo de su pijama. Pasamos a ponernos las manos en la cara y a acercárnoslas para proseguir con un beso tierno, lleno de dulzura y terminamos por abrazarnos y susurrarnos un ‘Te Quiero’ tras otro, mientras nuestras miradas se fundían y desbrotaban amor el uno hacia el otro.martes, 6 de noviembre de 2007
Sin ti, no tengo esperanza.
Por qué temer a la distancia,cuando lo que siento dentro de mi es tan fuerte,
que ya mi futuro sin ti no tiene esperanza.
Por qué temer a la distancia,
cuando sé que juntos forjaremos el mañana,
y mientras tanto cada noche,
me cuelo en tus sueños por tu ventana.
Por qué temer a la distancia,
cuando es tu amor hacia mi,
lo que hace levantarme todas las mañanas.
Quiero que sepas mi vida,
que aguantaré la distancia y lo que haga falta,
porque yo sin ti, ya no soy nada.
Tuyo, para SIEMPRE.
-- Él --
lunes, 5 de noviembre de 2007
Pasados por agua

Me besó dulce y profundamente, luego me cogió de la mano y me condujo al baño.
Abrió la ducha de agua caliente y me introdujo con él, colocándome contra la pared, me besó, estrechando su cuerpo contra el mió.
- He soñado con esto muchas veces – dijo él
Pero yo estaba demasiado concentrada en la forma en que él se estaba moviendo hacia mis pechos como para responderle.
Con el agua caliente golpeándonos el cuerpo, comenzó a besarme, su boca sobre mis pechos, vientre, mi cuello…
Yo tenia la cabeza hacia atrás, las manos sobre los hombros de él.
Se incorporó para mirarme, abrí los ojos y vi que se reía:
- ¿Sabes una cosa mi niña?
- ¿Si?
- Cada día te amo más y me haces más feliz
Comencé a besarle el cuello, el hombro, el pecho y a acariciarle los músculos de la espalda. El agua le caía sobre la cabeza y descendí más, con las manos en los glúteos de él. Cuando cerré la boca en torno a su pene, fue el turno de gemir de él. Sus manos se hundían en mi pelo mojado y yo mientras escuchaba sus gemidos de placer.
Casi me levantó del cabello cuando me colocó contra la pared con las piernas alrededor de su cintura y me penetró casi con brutalidad. Me entregué a su pasión, apretándome contra él, mientras mi lengua se adentraba en su boca.
Abrió la ducha de agua caliente y me introdujo con él, colocándome contra la pared, me besó, estrechando su cuerpo contra el mió.
- He soñado con esto muchas veces – dijo él
Pero yo estaba demasiado concentrada en la forma en que él se estaba moviendo hacia mis pechos como para responderle.
Con el agua caliente golpeándonos el cuerpo, comenzó a besarme, su boca sobre mis pechos, vientre, mi cuello…
Yo tenia la cabeza hacia atrás, las manos sobre los hombros de él.
Se incorporó para mirarme, abrí los ojos y vi que se reía:
- ¿Sabes una cosa mi niña?
- ¿Si?
- Cada día te amo más y me haces más feliz
Comencé a besarle el cuello, el hombro, el pecho y a acariciarle los músculos de la espalda. El agua le caía sobre la cabeza y descendí más, con las manos en los glúteos de él. Cuando cerré la boca en torno a su pene, fue el turno de gemir de él. Sus manos se hundían en mi pelo mojado y yo mientras escuchaba sus gemidos de placer.
Casi me levantó del cabello cuando me colocó contra la pared con las piernas alrededor de su cintura y me penetró casi con brutalidad. Me entregué a su pasión, apretándome contra él, mientras mi lengua se adentraba en su boca.
domingo, 4 de noviembre de 2007
El existir de la persona mas grande que conozco

Él se inclinó contra la cabecera de la cama y cuando estuve dormida, sentí como me acariciaba con la mirada. A través de esa caricia percibí cuánto deseaba tocarme, cuánto deseaba pasar su mano por mi abundante cabellera de color negro azabache, cuánto deseaba acariciar mi suave y delicada piel, cuánto era el deseo que tenia de secarme las lagrimas con un beso y luego, besarme en la boca, ansiaba besarme toda, hasta que sonriera y fuera feliz.
Sentí su mano tocándome la sien, me acarició esa parte del pelo y cómo observaba mi cuerpo.
Él siempre me ha dicho que sentía una ternura conmigo que no había experimentado con nadie más y eso se percibía.
Yo llevaba el corazón fuera del cuerpo, listo para entregárselo a quien fuera amable, galán, me tratara bien y fuera ‘persona’ conmigo, tras mis antiguas experiencias…y...apareció Él.
Sentí su mano tocándome la sien, me acarició esa parte del pelo y cómo observaba mi cuerpo.
Él siempre me ha dicho que sentía una ternura conmigo que no había experimentado con nadie más y eso se percibía.
Yo llevaba el corazón fuera del cuerpo, listo para entregárselo a quien fuera amable, galán, me tratara bien y fuera ‘persona’ conmigo, tras mis antiguas experiencias…y...apareció Él.
Mira como se va, el beso amargo de la soledad.

La oscura noche se extiende por toda la zona como un oscuro manto, y yo avanzo hacia una arboleda, dejando las casas y las luces del pueblo atrás. Me interno en el camino que lleva a dicho lugar, cada vez adentrándome más.
No he visto a nadie en todo el trayecto, pero ahora puedo empezar a divisar figuras mientras me voy acercando a lo que parece ser un claro.
Cada vez veo a más gente, docenas, quizá más. Todos parecen esperarme. Al acercarme y pasar junto a ellos me doy cuenta de que carecen de rostro alguno, pero noto cómo clavan su mirada en mi y no paran de saludarme y darme palmadas en la espalda. Podrían ser familiares, amigos, o conocidos... parecen alegrarse de verme, aunque otros pasan totalmente y siguen afanados con sus conversaciones, formando un tremendo jaleo imposible de entender.
Una extraña sensación me recorre el cuerpo y enturbia mi mente. Tan rodeado de gente que me encuentro en ese momento, y un tremendo sentimiento de soledad me invade. Sigo avanzando entre la muchedumbre, cada vez sintiéndome peor, hasta que cuando me doy cuenta ya no me rodea nadie. Parece que los he dejado a todos atrás, y la curiosidad me invade cuando giro mi cabeza para mirar hacia atrás por encima del hombro (pues aun percibía el jaleo de las voces) y cual es mi sorpresa cuando ya no veo a nadie, sólo árboles, piedras y hojas muertas.
Decido avanzar unos pasos más y sentarme en un pequeño escalón de raíces, sin dejar de sentirme mal, con esa inmensa sensación de soledad oprimiéndome el pecho sin apenas dejarme respirar, intentando alzar la vista hacia el mar que estaba enfrente, junto a una gran luna rojiza esparciendo sus rayos de luz por todo el lugar.
Me siento agonizar. De repente alguien se acerca a mi por mi lado izquierdo, se sienta conmigo, y después de darme un tierno beso en la comisura de los labios, me rodea con uno de sus brazos. Me giro para ver quién es, y la veo a Ella. La soledad se va, también la amargura, y todo el malestar, así como las voces ya siseantes a mis espaldas. Su sola presencia me revitaliza, sus ojos y su pelo me maravillan, y por primera vez en mi vida no me siento solo.
Qué sentimiento tan profundo al mirarnos mutuamente, algo incapaz de ser descrito con palabras, algo imposible de decir con un te quiero o un te amo...
Sin mediar palabra alguna, ambos nos fundimos en un tierno beso.
martes, 30 de octubre de 2007
Deseos carnales.
Estando en el autobús, de pie, sentí un escalofrío que recorría por mi espalda al notar como él me pasaba la mano por la cintura y me apretaba hacia sí, diciéndome:
- Ven, deja pasar a la gente
Yo me estremecía al ver cómo su miembro crecía a causa del roce que había provocado y al ver a tantas personas a nuestro alrededor, provocaba una excitación superior.
- Ven, deja pasar a la gente
Yo me estremecía al ver cómo su miembro crecía a causa del roce que había provocado y al ver a tantas personas a nuestro alrededor, provocaba una excitación superior.
Me agarré a su miembro en un balaceo del autobús, cosa que hizo que él se apretara a mí aun mas y nos buscara espacio en un rincón, en el ya diminuto bus. Perdíamos el equilibro y así, provocando el roce mutuo, nos estimulábamos mas y mas, hasta llegar a la parada donde nos bajamos.
Tras un rato andando nos dispusimos a entrar en el metro. En la parada para coger el siguiente vagón no había nadie, puesto que carece de personas a esas horas y está bastante apartada del centro, nos arrinconamos en una esquina del andén haciendo temblar las vías.
Me alzó una pierna contra sí, apoyándome en la pared, y comenzó a tocarme los pechos con una mano y con la otra, abriéndose camino al furor, mi valle de fuego encendido.
Finalmente escuchamos el ruido del próximo vagón y decidimos continuar en casa…

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